miércoles, 16 de julio de 2014

10 metros de cemento, tierra y piedras


La historia del Lugar de la Memoria (LUM) empezó como un acto de buena voluntad. El gobierno alemán, preocupado porque no existe en nuestro país un sólo lugar que conmemore los 20 años de violencia política -y tomando en cuenta la eficacia que han tenido museos similares para frenar el retorno del fascismo (?)-, decidió donar un millón de euros para que el Perú contara con su propio Museo de la Memoria.

El gobierno de Alan García respondió cínicamente que las prioridades del Perú eran otras y que ese dinero podría destinarse tranquilamente a vacunar niños pobres, construir escuelas, equipar hospitales y enriquecer burócratas: pero el escándalo internacional fue tan grave, que a la postre tuvo que ceder y empezar -muy lentamente- a construir el Museo, al que luego se le cambió varias veces de nombre.

El LUM -o mejor dicho, su terraza y algunos ambientes anexos- fue inaugurado hace algunas semanas. Hasta el momento no tiene otra utilidad que servir de foro para eventos académicos, de cineclub para algunos nostálgicos y, a final de cuentas, para tranquilizar la conciencia de los partidarios de la justicia transicional.

Por ahora, el LUM está casi vacío, a excepción de un par de obras de arte de dudoso valor. El problema es cuán pedagógico o útil puede ser un Lugar construido en Miraflores, apartado del gran público, dando la espalda a los Andes y mirando al mar, de cara a la galería.

No es que falten lugares adecuados para construir un recordatorio: sin salir de Lima, tenemos la casona de Barrios Altos, los sótanos del "Pentagonito", las fosas de La Cantuta -en Cieneguiila y Huachipa-, los cuarteles del SIN… Y si nos animamos a salir de Lima, tenemos las bases militares de Los Cabitos -el Auschwitz peruano-, Pampa Cangallo, Totos, Capaya, Putaccasa, Canaria, Umasi, el estadio de Huanta, la Universidad Nacional del Centro…

No es que falten centros de detenciones clandestinas, torturas, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales que podrían ser idóneos para recordar; lo que sucede es que precisamente el recordar es la última de las prioridades del Estado peruano. Así, tenemos que las fosas de La Cantuta, en Cieneguilla, han sido sepultadas recientemente por una capa de cemento, tierra y piedras de 10 metros de altura, ante la inacción total del Ministerio Público.

Y también hay 15 mil casos de desaparición forzada pendientes de resolución; 300 mil casos de esterilizaciones forzadas que nunca se investigaron, ya que la Comisión de la Verdad consideró que esos hechos "estaban fuera de su mandato"; miles de víctimas -algunas de las cuales cuentan desde hace años con sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos- esperando medidas concretas de reparación y no meras disculpas vacías.

No quiero quitarles la alegría a los que festejan que tenemos (?) un Lugar de la Memoria, Pero no está de más recordar que, en términos "simbólicos" -palabra que fascina a los cultores de la justicia transicional-, los 10 metros de cemento, tierra y piedras arrojados sobre las fosas de La Cantuta pesan infinitamente más que las toneladas de concreto usadas para construir el LUM.

domingo, 15 de junio de 2014

¿Estábamos mejor cuando estábamos peor?


Ayacucho, fines del año 2000: El régimen de Alberto Fujimori acaba de caer y se rumorea que el gobierno de transición creará una Comisión de la Verdad que investigará los crímenes ocurridos durante la violencia política. Simultáneamente, empiezan a surgir denuncias sobre decenas, y luego centenares, de fosas que contienen cadáveres de personas desaparecidas o secuestradas; la prensa independiente se apresura a tomar testimonios, improvisar excavaciones, sacar reportajes.

El número de excavaciones improvisadas fue lo suficiente grande como para impulsar a un grupo de antropólogos forenses -que luego fundaría el EPAF- a tomar medidas urgentes. Primero, a través de comunicados; luego, haciendo coordinaciones con los medios de prensa; por último, capacitando -con apoyo de la Defensoría del Pueblo- a los periodistas en el adecuado tratamiento de los sitios de entierro.

Cordial, pero firmemente, los antropólogos forenses explicaron a los periodistas que excavar es una labor delicada, que puede revelar evidencia pero también destruirla de manera irreparable; que para la obtención de la primicia basta con verificar la existencia de la fosa; y que esto se puede realizar sin necesidad de disturbar su valioso contenido. También se les explicó que una fosa común no es sólo un sitio en el cual se depositan huesos; contiene en muchos casos la identidad de las víctimas, las esperanzas y los recuerdos de los familiares, y por ello -más allá de las responsabilidades de orden penal- disturbar una fosa para obtener una efímera primera plana equivale a un grave crimen.

Pangoa, año 2014: Un conglomerado de medios "acompaña" una de las intervenciones masivas del Ministerio Público. Ignorando las advertencias antes mencionadas -que durante y después de la Comisión de la Verdad, fueron parte del sentido común de la abrumadora mayoría de la prensa-, los corresponsales de diarios y TV no se limitan a verificar la existencia de las fosas y tomar testimonios; participan en las excavaciones improvisadas, toman fotos, filman, preguntan: "¿Esto es un brazo? ¿Esto es una pierna? ¿Estas son las ropas de su familiar?".

Finalmente, se anuncia que se ha encontrado la fosa más grande del Perú, con 800 cuerpos de personas asesinadas por Sendero Luminoso. No importan las objeciones de los expertos: nunca se ha encontrado una fosa tan grande, los terroristas no solían enterrar a sus víctimas, se requeriría maquinaria pesada o un gran contingente de enterradores… Todo vale para levantar la noticia, hasta calumniar a la CVR (que, sin una denuncia previa, no tenía manera de saber que en el caserío "Saigón" había sitios de entierro) y a la CMAN (que pasó por allí y no obtuvo ningún testimonio sobre semejante acontecimiento).

También vale jugar en pared con un general del Ejército, entrevistar a un supuesto agente de la PCM, que ni siquiera era funcionario público, sino director de una ignota ONG. Y, desatado el escándalo, continuar levantando las 800 supuestas víctimas, sólo que ahora no son asháninkas, sino matsiguengas; mañana serán nomatsiguengas, y pasado quien sabe. O atribuir la matanza de Putis a Sendero Luminoso. O retener al corresponsal de un medio rival en una base militar para mantener la "exclusiva".

Dejo a criterio de los lectores evaluar si, en 14 años de "transición democrática", hemos mejorado o empeorado.

martes, 3 de junio de 2014

Dobles estándares


Los lugares de conmemoración de la violencia política en el Perú suelen estar lejos de los centros de tortura y exterminio. No hay memorial en la base militar Los Cabitos, no hay memorial en el estadio de Huanta; a duras penas hay una cruz en La Hoyada, perpetuamente amenazada de desaparición.

Como si no fuera suficiente que el Lugar [ex Museo] de la Memoria esté ubicado en Lima, pareciera que la propuesta que se nos entregará no tendrá señalamiento de responsabilidades, ni conmemorará a las víctimas; estará dedicado a la multiculturalidad. En palabras de sus directores, Diego García Sayán y Denise Ledgard, se trata de quitarle la "carga política" a fin de abrir un camino de "reconciliación".

Personalmente, no creo que los museos o lugares de memoria sean una panacea que logre evitar la impunidad y el olvido (Europa está llena de memoriales, y cada día hay más neonazis). Sin embargo, no puedo dejar de señalar el tremendo contrasentido de conmemorar una guerra civil dejando de lado que en esta guerra hubieron víctimas y victimarios, responsabilidades políticas y penales.

Si se llega a concretar esta propuesta descafeinada, el Lugar de la Memoria no sería más que un gigantesco y caro fraude a la nación.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Parejas imaginarias, socialismo real


A propósito de un post en el Facebook de Vero Ferrari, parte de cuya sabiduría es (o fue) saber discutir sobre todo y con todos, se armó un pequeño debate nocturno entre sus amigos y seguidores a propósito de una campaña publicitaria sobre "parejas imaginarias" que dio alas a Vero y sus compinches para alucinar sobre Jesús de Nazaret y Juan de Patmos, Marx y Engels, Lenin y Stalin (en la ilustración), Haya de la Torre y Luis Alberto Sánchez, Fidel y el Che Guevara...

Como dichas discusiones suelen dar pretexto para que algunos eruditos reaccionarios (y también reaccionarios a secas, como Gustavo Faverón) exuden su macartismo, habría que dejar en claro algunos hechos. Es bien cierto que el socialismo real se mandó tremendas cagadas contra los LGTB, en parte porque sus fundadores y teóricos compartían los prejuicios homofóbicos del siglo XIX, que también tenía la democracia liberal.

Una vez pasada la era del amor libre y revolucionario posterior a la revolución de Octubre, los prejuicios condenaron la homosexualidad en la Unión Soviética. En los países del bloque socialista hubo una injustificable persecución contra los gays, que eran internados por 5 años en campos de trabajos forzados. Sin embargo, es necesario recalcar que, contrariamente a lo que ocurrió en la Alemania nazi, no hubo campos de exterminio, ni ejecuciones en masa, ni hornos crematorios.

El alcance y dimensión de la persecución a los homosexuales en los países socialistas no fueron mayores ni menores que los existentes en las democracias occidentales, que por los mismos años tenían leyes vigentes contra la sodomía (algunos las mantienen), empujaban al suicidio a Alan Turing y encerraban a los LGBT en manicomios hasta su muerte.

(Resulta un terrible contrasentido que la URSS, pionera en la legalización del acceso a los medios anticonceptivos, al aborto y al divorcio unilateral -por iniciativa de la mujer- no hubiera podido superar muchos prejuicios de la democracia liberal, y fuera tan retrógrada en otros aspectos de los derechos sexuales y reproductivos).

Pero allí donde los acontecimientos estrellaron al "socialismo real" contra la realidad y le obligaron a rectificar, como es el caso de Cuba, la situación de los derechos para la población LGBT pasó de la persecución abierta de los años del caso Reynaldo Arenas a la política de tolerancia actual y de rechazo oficial a la homofobia. Cuba no es ningún Shangri-La gay o lésbico, pero está mucho más avanzada que muchas "democracias", incluida la nuestra, donde los crímenes de odio son cotidianos e impunes.

Rota esta lanza en favor del socialismo real, sólo me queda añadir que, contrariamente a la leyenda dorada que hace descender todos los derechos humanos de las diversas formas de democracia representativa existentes en la historia, son las democracias las que se llevan la palma en cuanto a intolerancia frente a los y las LGBT (desde Sócrates, pasando por Wilde y Turing, hasta llegar a los disturbios de Stonewall y las leyes de Putin) siempre en nombre de las "mayorías" o de la "moral".

domingo, 19 de agosto de 2012

La casa de cartón de Armand Hammer


Leyendo un viejo número de "Caretas" encontré una divertida y sumamente fantasiosa biografía del magnate petrolero Armand Hammer (1898-1990), dueño de la Occidental Petroleum Company, más conocida como OXY por estos lares. Según el novelesco cronista, cuyo nombre no consta en la nota, Hammer -nacido en Odessa, hijo de judíos escapados de los pogroms zaristas-, habría tomado su nombre de la antigua marca de sal de soda "Arm and Hammer".

Tras una infancia pobre en el Bronx, Hammer estudió medicina en Columbia e hizo una pequeña fortuna vendiendo ginger ale con alcohol -una versión modernizada del sebo de culebra, que años después sería reactualizada por Patrick Ball-. Buscando donde invertir el dinero, recaló en la Rusia soviética durante el período de la NEP; su habilidad en obtener trigo a cambio de concesiones sobre el caviar y las pieles de armiño le atrajo la simpatía de Lenin, cuyo retrato autografiado y dedicado "al camarada Armand Hammer" era uno de los recuerdos más entrañables del millonario.

Luego de amasar una colosal fortuna en pozos petroleros de los Estados Unidos, Oriente Medio, América Latina y África -donde entabló amistad con personajes como Muammar Gadafi y Alan García-, el amo de la OXY dedicó sus ocios de millonario a adquirir hermosas obras de arte antiguo y moderno, entre ellas su pinturas y dibujos de Honoré Daumier, que hoy poseen la UCLA y la USC, en colecciones que llevan su nombre.

Pero más allá de las valiosas obras de Leonardo, Rafael, Daumier, Van Gogh y Picasso -y de la colorida biografía de "Caretas"-, el colofón de la carrera de Armand Hammer como coleccionista la obtuvo en Perú, durante una de las visitas de negocios que realizara para reunirse con Alan García: la adquisición, de manos del poeta chalaco Sandro Chiri y por una suma no revelada, de la revista cultural "La casa de cartón", que pasó a llamarse "La casa de cartón de OXY".

Decididamente, eran otros tiempos. Hoy en día, el petrolero amante del arte y la buena vida, amigo y camarada de Vladimir Ilich Uliánov hubiera tenido que conformarse con comprar "El útero de Marita" de Marco Sifuentes, o la dudosa amistad del anticuario Gustavo Faverón. Hubieran sido muy pobres sucedáneos, de bajo precio y nulo valor de reventa.